viernes, 18 de diciembre de 2009

Robo arqueológico en El Cerrito




Una escultura tallada en piedra perteneciente a la cultura Tolteca fue sustraída de la zona arqueológica “El Cerrito”, situada en la cabecera municipal de Corregidora. Esta figura fue sustraída un mes antes del robo actual en el lugar de investigación arqueológica. Sin embargo, el arqueólogo Daniel Valencia Cruz, responsable académico del lugar comentó, “Tiene como mes y medio que la cabeza fue sustraída de las vitrinas del museo de sitio…lo peor de todo es, que era cuando teníamos más seguridad, es una pequeña escultura en piedra de la cultura Tolteca.


Asimismo indicó al darse cuenta de que una pieza había sido robada del sitio arqueológico, se levantó un acta ante el Ministerio Público de la federación para que iniciaran las investigaciones, motivo por el cual peritos adscritos a la Procuraduría General de la República (PGR) llevan a cabo las diligencias de lo sucedido.


En cuanto al costo que la pieza arqueológica pudiera tener en el mercado negro, Daniel Valencia mencionó que difícilmente se les puede dar un valor a los bienes nacionales, debido a que no son mercantiles.

Un cuadro robado por los nazis en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid



Los herederos de la familia judía Cassirer vuelven a reclamar un pissarro supuestamente expoliado por los nazis de la colección Thyssen-Bornemisza.Este cuadro pertenece a una serie de quince obras que Pissarro pintó desde la ventana de su hotel parisino, situado en la place du Théâtre Français, durante el invierno de 1897 y 1898. Pissarro, que había vivido casi siempre fuera de París y era básicamente un pintor de paisajes y uno de los primeros en practicar con convicción la pintura al aire libre, tuvo al final de su vida que trasladarse a la ciudad por motivos de salud. Fue entonces cuando comenzó a pintar acomodado en una ventana, captando la actividad cambiante de las calles.


Con esta fotografía, el demandante aporta la prueba de que el cuadro de Pissarro era de su abuela.Claude Cassirer, alemán de nacimiento convertido en ciudadano norteamericano tras la segunda guerra mundial, es hoy un anciano afincado en San Diego (California) y dispuesto a seguir batallando por recuperar el óleo que hace más de siete décadas colgaba en el salón de su casa de Alemania y formaba parte del paisaje de su infancia. Su bisabuelo Julius Cassirer, un destacado galerista y editor judío de Berlín, lo había adquirido del marchante de Pissarro, Durand-Ruel, en 1900, dos años después de su ejecución por el maestro impresionista. A la muerte de Julius, la obra pasó a su hijo Fritz y la esposa de éste, Lilly, quienes, de haber conservado la propiedad del óleo, lo habrían transmitido a su nieto, el mencionado Claude.

Comprada por 900 marcos su valor actual superaría los 20 millones de dolares. La Fundación Thyssen-Bornemisza asegura que no cederá ante las reclamaciones de Cassirer porque "consideramos que adquirimos el cuadro con todas las de la ley y, por tanto, es nuestro desde el año 1992 cuando se lo compramos al barón Thyssen".Aunque es obvio que Thyssen actuó de buena fe, también resulta evidente que si el cuadro formó parte de los saqueos sistemáticos del Tercer Reich, fuera cual fuere su trayectoria posterior, puede parecer razonable la obligación moral de devolverla a sus primitivos propietarios. Los términos en que se manifiesta el Consejo de Europa son claros al tratar de evitar que bienes procedentes de los saqueos nazis se camuflen en el parapeto de fundaciones privadas, a las que también se considera expresamente obligadas siempre que reciban dinero público, como sería eventualmente el caso del Thyssen, cuyo Patronato está controlado por el Ministerio de Cultura.

La reclamación estuvo muy viva en Estados Unidos durante la «era Clinton» y quedó adormecida en la primera legislatura de Bush, según algunos por las estrechas relaciones entre el Gobierno Aznar y la Administración norteamericana. Ahora las circunstancias han cambiado y los supuestamente agraviados recargan munición. En la calle Saint-Honoré llueve sobre mojado.Vídeo documental de National Geographic donde Claude Cassirer reclama al museo Thyssen el cuadro de su abuela.

Astutos ladrones se burlan del mejor sistema de seguridad de Europa

La noche del 14 y la madrugada del 15 de febrero de 2003, un grupo de ladrones altamente cualificados lograron burlar, y sin disparar un solo tiro, el sistema de seguridad de la casi impenetrable bóveda principal del Diamond Centre de Amberes, en Bélgica. Leonardo Notarbartolo, el cerebro de la operación, y su grupo de maleantes se apoderaron de un botín valorado en más de 100 millones de dólares.

Amberes es uno de los blancos más llamativos para los ladrones entrenados; y es que es la capital mundial de la compra, venta, preparación e intercambio de diamantes. Hay lugares, como el Diamond Centre, que muven diaiamente sumas millonarias de dinero. El sistema de seguridad del Diamond Centre es uno de los mejores y más equipados del mundo.

Notarbartolo, quien poseía una oficina, una caja de seguridad y era cliente del Diamond Centre, tenía todo perfectamente planificado para el asalto. El día de san Valentín de 2003, el lugar estaba cerrando sus instalaciones y los guardias de seguridad salieron temprano por ser día festivo. El grupo de ladrones empezó su espectacular robo cerca de las 11 y 45 de la noche, cuando interfirieron la frecuencia del mando que abre la puerta del estacionamiento principal. El lugar estaba repleto de cámaras de video, no obstante, los asaltantes caminaban tranquilamente por sus pasillos. Sabían exactamente dónde se encontraba cada cosa, como si tuvieran un mapa detalado del lugar. Cerca de la 1 de la madrugada, los ladrones se encontraron frente a la puerta de seguridad de la bóveda principal.



La puerta de la bóveda principal contaba con los más impresionantes sistemas de seguridad. Tenía sensores de luz, de movimiento, calor y sonido, además de un sistema de código con cien millones de combinaciones posible. Pero los maleantes conocían el código de la puerta y lograron deshabilitar cada uno de los sensores: llevavan una espuma especial, con la que anularon el sensor de sonido; también llevaban cinta adhesiva, con lo que inutilizaron los sensores de luz; y vaselina, con lo que imposibilitaron el sensor de calor.

Ya dentro de la bóveda, tuvieron que encargarse del último inconveniente: el delicado sensor sísmico que tenían cada una de las cajas de seguridad. Sin embargo, los ladrones tenían consigo un muy brillante aparato, que por medio de un resorte, abría las cajas engañando al sistema de seguridad haciéndole creer que las cajas estaban siendo abiertas de forma normal. Entre la una cuarenta y las cinco dela mañana, abrieron 109 cajas de seguridad que contenían grandes cantidades dinero en efectivo, lingotes de oro, y diamantes. Antes de salir, hicieron una última parada en el centro de vigilancia y tomaron todas las cintas de video del sistema. Curiosamente, dejaron en la bóveda alrededor de 100 cajas intactas.




Cuatro días después del delito, un granjero de la zona encontró en el bosque restos de fundas negras, algunos pocos diamantes con sus certificados de autenticidad, dinero en efectivo, cintas de video destruidas y, peculiarmente, restos de comida, una botella de vino vacía y una factura. En ese instante llamó a la policía, quienes llegaron de inmediato y confirmaron que eran las evidencias del robo del Diamond Centre. Curiosamente, lo más relevante que encontraron fueron los restos de comida, la botella de vino vacía y la factura.

Notarbartolo se perfilaba como el principal sospechoso del millonario robo: una de las cajas que los ladrones habían dejado intacta le pertenecía, además, no había tenido ninguna actividad economica como cliente del Diamond Centre en más de dos años. La factura que encontraron los policías mostraba que la compra de los comestibles se había hecho en una tienda muy cerca del departamento de Notarbartolo.

Es así como, gracias a las evidencias circunstanciales, la policía encontró a Notarbartolo culpable principal del gran robo al Diamond Centre de Amberes. Fue condenado a 10 años de cárcel, sin embargo salió de una prisión de Bélgica en marzo de este año.





El gran robo de joyas en París marca récord




Cuatro ladrones entraron armados en la sucursal de la joyería de lujo Harry Winston en la tarde del jueves 6 de octubre de 2007 en Paris y se fugaron con un botín equivalente a 102 millones de dólares. Lo peculiar de este hecho es que tres de los cuatro asaltantes estaban disfrazados de mujer y de esta manera forzaron a los empleados a que les entregaran casi todas las alhajas. "Lo que ha impactado fuertemente a los empleados es que conocían detalles de la vida personal de algunos de ellos, quiénes eran, sus identidades", comentó una fuente de la Fiscalía francesa consultada por BBC Mundo.

Profesionales de la fuente de la Fiscalía comentan que el asalto fue “sin ninguna duda” un trabajo realizado por expertos. Los ladrones ingresaron por la puerta principal de la joyería en la avenida de la Montaigne a las 17:30 horas locales (16:30 GMT) sin despertar ninguna sospecha a los servicios de seguridad, indicó el informante. Lo que ha impactado de sobremanera a los empleados del lugar es que conocían detalles de la vida personal de algunos miembros de los agresores, es decir quiénes era junto con sus respectivas identidades.

Una quincena de personas estaba presente en el local, entre empleados y clientes fueron llevados a un rincón de la casa, mientras que los hombres armados, quienes ya conocían los sitios de seguridad donde la joyería depositaba las alhajas que están fuera de exposición. Después de haber colocado en sacos la mayoría de joyas que había en la sucursal se marcharon minutos, acto seguido de haber entrado sin necesidad de disparar un solo tiro.



Este robo marcó un récord en Francia y es considerado uno de los mayores de su tipo a escala mundial. Además, éste acontecimiento es uno de los último de una serie de robo de joyería en el país y el seundo atraco millonario en la misma sucursal de Harry Winston situada en el "Triángulo de Oro” de París, a pocas cuadras de la sede del Ministerio del Interior.

Estafadores se llevan el dinero desde el Tesoro Regional de Rosario

El 23 de diciembre de 1992, cuatro estafadores disfrazados de inspectores del BCRA (Banco Central de la República Argentina) se robaron 30 millones de pesos de las instalaciones del Tesoro Regional, en Rosario. Los maleantes desviaron las líneas telefónicas del BCRA y enviaron un fax a Norberto Schiavetti, titular del Tesoro Regional, explicándole que al día siguiente cuatro inspectores irían a recoger 30 millones de pesos en billetes de 500 mil australes. El tesorero llamó posteriormente a la oficina central del BCRA desde donde un falso funcionario corroboró el pedido y la forma en que se lo realizó.


Millonario robo a joyería



Es increíble el tiempo que tienen ciertos ladrones para robar un establecimiento sin que los atrapen. El 4 de diciembre de 2008, cuatro maleantes, un par de ellos disfrazado totalmente de mujer ingresaron después de las cinco de la tarde a la joyería Harry Winston, en París. Al parecer, eran ladrones entrenados y conocían muy bien las características de la joyería.


Tuvieron el tiempo suficiente para tomar casi todos los objetos de valor de la tienda, lo que estaba en vitrina y lo que estaba guardado. Se llevaron, así tan fácilmente, casi 80 millones de euros en piezas de alta joyería, según se ha estimado. Se trataría, de confirmarse esta cifra, del mayor atraco en una joyería de la historia de Francia. ¿Hay acaso una garantía de seguridad por parte de la policía en este tipo de robos?

Ladrones del Museo Nacional de Estocolmo continúan en libertad




Tres hombres armados con pistolas y fusiles de asalto entraron en el Museo Nacional de Estocolmo en diciembre del 2000. Uno de los integrantes de la banda amenazó al personal del centro y a los visitantes que aún permanecían en el interior, mientras que los otros dos, también armados, subieron a la primera y segunda planta donde se encontraban las obras y las descolgaron de la pared. Enseguida, los asaltantes escaparon con el botín en una lancha que posteriormente fue descubierta; mientras que sus cómplices intentaron distraer a la policía prendiendo fuego a dos coches que provocaron el corte de una calle.

La policía sueca puso en marcha un dispositivo para intentar localizar a los autores del robo de tres de los más conocido lienzos. Las piezas robadas están valorados en 5. 400 millones de pesetas . Actualmente se está llevando a cabo una investigación para el análisis científico de la lancha y de las huellas dactilares en el museo, la policía está trabajando en el caso. "Estamos interrogando a los testigos del robo, pero sobre todo tratamos de ponernos en contacto con las personas que vieron a los delincuentes cuando éstos hicieron visitas de reconocimiento al museo", comentó el portavoz de la policía de Estocolmo, Bjoern Pihlblad.

Excepto las salas donde se perpetró el robo el resto de salar se encuentra abierta hoy al público con toda normalidad. "Nadie tiene ni idea por el momento de quién era esa gente. Lo han hecho de la misma manera que cuando se roba un banco, fue muy profesional", afirmó Gorel Cavalli-Bjorkman, la conservadora del museo. «Parece un poco desproporcionado llevar fusiles cuando vas a un museo. Creemos que alguien les ha contratado. No pueden ser amantes del arte», concluyó.

Los cuadros sustraídos son un autorretrato de Rembrandt y dos obras del impresionista francés firmadas por Pierre-Auguste Renoir y tituladas Una joven parisina y Conversación. Desde el gran robo de 1993, en donde ladrones extrajeron ocho cuadros (entre los que se encontraban Picazos y Braques valorados en 10.000 millones de pesetas) haciendo un agujero en el techo del Museo Nacional de Estocolmo; no ha existido un robo hasta diciembre de 2000.

Los servicios de seguridad del museo han manifestado que los criminales sabían exactamente donde estaban las obras de arte que buscaban y lo que hacían en cada instante para obtener lo buscado, los tres lienzos. Asimismo, los guardias y el equipo de seguridad del lugar mencionaron que es imposible detener al tipo de asaltante que no le interesa entrar al museo con armas mientras exista público en el interior.

En primer lugar, escogieron piezas de pequeño tamaño para hacer más fácil la huida. "Con una pistola en la mano, no es fácil transportar una gran lienzo", comentó Cavalli-Bjorkman. En segundo lugar, ya habían inspeccionado el museo. Uno de los guardias reconoció a un miembro del grupo por la ropa que vestía (a pesar de llevar pasamontañas), pues había estado allí el mismo día del robo, al menos uno de ellos parece haber nacido en Suecia.

Según expertos de la historia del arte es imposible intentar vender las piezas robadas, ya que son populares y conocidas en el mercado, lo que sugiere que los ladrones pretenden revender su botín al museo, una tendencia que está de moda. Otra suposición es que estos hombres fueron contratados por algún coleccionista privado del extranjero.

El Museo Nacional de Estocolmo, adquirió el autorretrato de Rembrandt en 1956, es una de las obras más tempranas del artista holandés, data cuando todavía residía en Layden; la obra está firmada en 1630 cuando el pintor tenía aproximadamente 23 ó 24 años de edad. El lienzo lleva retoques en oro para otorgarle a la pieza mayor luminosidad, técnica que fue utilizada por el pintor sólo en dos ocasiones. Los Renoirs fueron compardos por el museo en 1913 y 1918, pocos meses después de que la institución empezara a coleccionar obras impresionistas.